Si bien la imagen mental que todos se hacen de la meditación es la de una persona sentada en posición de loto, en silencio, inmóvil y con los ojos cerrados, existen muchas maneras de alcanzar ese estado de relajación sin necesidad de permanecer quieto. Seis claves para lograrlo.

Si se le pregunta a alguien cómo se medita, la primera descripción será la de una persona sentada en posición de loto, en silencio y pronunciando un largo “ommm” con los ojos cerrados. Inmóvil, claro, y mientras sus manos hacen un mudra.

Sin embargo, hay muchas prácticas de meditación que tienen relación con el movimiento. La disciplina con movimiento consciente más conocida es el Yoga.

El Yoga es una práctica ancestral cuyo término significa ‘unión’. En ella todo el enfoque está puesto en unir, conectar cuerpo y mente, mente y espíritu, unos con otros, la conciencia individual o alma con la conciencia universal. Su práctica justamente se relaciona con la búsqueda de una preparación total para una meditación más profunda o en quietud, sin embargo los beneficios empiezan en el movimiento y en la unión con la respiración consciente que prospera con el entrenamiento.

Existen muchos tipos de meditaciones dinámicas, en todas ellas se va al encuentro del espacio interior a través del movimiento y no a través de la quietud, es decir que comienza en un movimiento que inexorablemente llevará a una quietud. En principio esa quietud interna es mental, luego emocional y finalmente física.

De manera extraordinaria, el movimiento hecho con la mente y la atención puesta en la acción misma de ese movimiento genera aperturas que inducen a estados ampliados de conciencia de forma natural.

Desde siempre para la humanidad, lo sagrado se encontró con el movimiento. Ya sea en las peregrinaciones en las que hay que realizar un largo recorrido para acceder a la divinidad y encontrar bienestar espiritual, o en las danzas tribales, en las que el baile conjunto y coordinado conduce a los participantes a estados ampliados de conciencia, y de esta manera la persona logra entrar en un estado de trance que lo induce a tomar contacto con realidades internas de su propio ser.

Actualmente esa experiencia está siendo estudiada y le han puesto un nombre nuevo: flow. Y tanto expertos en neurociencia como psicólogos profundizan en el tema para ayudar a que mayor cantidad de personas puedan disfrutar de estados mentales beneficiosos.

Esos momentos de paz y de encuentro con el propio interior dan sentido de totalidad, bienestar y trascendencia

El estado flow se resume en una palabra: felicidad. Esta se produce cuando se alcanza un estado mental muy positivo que surge como consecuencia de una serie de movimientos

Se describe a menudo como una totalidad, unos segundos de máximo rendimiento mental, de creatividad y disfrute. Durante esos momentos se pierde la conciencia de uno mismo, el yo se trasciende y se amplifica con el entorno, simultáneamente la percepción del tiempo cambia y se puede asir la eternidad del ahora.

Todo dura un instante que se recuerda como expandido y feliz, ya que la conciencia ampliada guarda la experiencia con detalles increíbles.

Estas vivencias extraordinarias son el resultado de mantener la atención plena, la respiración y la intención en la acción que se está haciendo sin importar si esa acción es correr maratones, hacer surf o practicar cualquier tipo de deporte. Incluso la misma experiencia puede lograrse haciendo yoga, pintando mandalas, bailando o simplemente cocinando con pasión.

Para entrar en estado flow se necesitan:
1- Una meta clara hacia donde llevar toda la atención que se ha visualizado previamente.
2- Que el desafío de la meta requiera determinadas habilidades.
3- Que dichas habilidades mejoren con el tiempo de práctica.
4- Y generen sensación de control sobre esas habilidades.
5- Concentración, repetición y retroalimentación.

De esa manera, los neurotransmisores avisan que todo está bien y se despliegan químicos de felicidad y placer. La mente personal se expande, al tiempo que visualiza, lee perfectamente en el patrón espacial y el resultado promete una realización, una espiral ascendente de éxito personal, una mejora que ocurre gracias al esfuerzo o a la repetición de esa habilidad determinada y que permite a la persona alcanzar el reto. La suma de todo produce el estado flow: felicidad plena con uno mismo.

Al parecer, encontrar ese estado de plenitud está al alcance de todos, le ocurre tanto a los deportistas de élite como a los amateurs que corren maratón, a los músicos, a los artistas plásticos.

Por ejemplo, salir a caminar de manera consciente, respirando con atención plena, abre la mente a nuevos espacios y permite que surjan de manera natural momentos de meditación instantánea. Esos momentos de paz y de encuentro con el propio interior dan sentido de totalidad, bienestar y trascendencia que nutren la vida cotidiana y activan una catarata de beneficios entre los que se cuentan la autoaceptación, la autoconfianza, el pensamiento positivo y la mejora en el rendimiento físico, emocional y mental ante las dificultades.