Para alcanzar niveles más elevados de salud y bienestar hemos de aprender a entender las señales que emite nuestro cuerpo. La ciencia demuestra que la naturaleza humana es dinámica y existe una constante interacción entre la mente, el cuerpo y el comportamiento. Con Mindfulness aprendemos a escucharlo.
Un dolor físico sentido en cualquier parte del cuerpo es una señal que nos comunica que algo va mal. Si ignoramos estos mensajes, o intentamos suprimirlos, los síntomas pueden empeorar y derivar en algo más serio. Lo mismo ocurre con otro tipo de sensaciones físicas que también se expresan en nuestro cuerpo, como las emociones, y de las que no somos tan conscientes ni sabemos muchas veces qué hacer con ellas.
La palabra emoción proviene del latín e-movere, que significa energía emitida que nos incita a movernos a actuar para satisfacer una necesidad. La energía que proporciona la emoción de la rabia, por ejemplo, suele robustecer el cuerpo impulsándonos a poner límites o a decir “no” en situaciones en las que nos sentimos amenazados y necesitamos protegernos. La tristeza, por otro lado, más bien encoge el cuerpo y nos lleva a buscar refugio en los seres más íntimos y próximos porque necesitamos consuelo y amparo.
El dolor emocional es mucho más frecuente y tan perjudicial como el físico, y para aprovechar su energía de forma saludable hemos de estar dispuestos a reconocerlo y a dejarle espacio dentro de nosotros, investigando conscientemente qué nos está comunicando, como haríamos con cualquier síntoma físico.
Si aprendemos a escuchar con consciencia plena nuestro cuerpo, estaremos en disposición de aprovechar todo su potencial. Al igual que el sistema inmunológico -nuestra defensa natural- se encarga de sanar todo tipo de dolencias y heridas físicas, tenemos también la capacidad de sanar heridas emocionales.
Tomemos como ejemplo una herida mínima, como el corte en un dedo que puede producir una hoja de papel (es pequeña, pero dolorosa). Si tapamos esa herida con una tirita, protegiéndola de cualquier contaminación externa, a los tres días destapamos la herida y ha desaparecido hasta la cicatriz. Sin embargo, si esa misma herida la dejamos destapada y la exponemos a los contaminantes atmosféricos sin protección, se puede infectar e, incluso, si seguimos sin atenderla, se podría gangrenar y poner en peligro nuestra vida. Lo mismo ocurre con una situación dolorosa que se expresa en nuestro cuerpo a través de una emoción desagradable, como puede ocurrir con el duelo por una pérdida importante. Si escuchamos el dolor que se expresa en nuestro cuerpo y lo acogemos con cariño y suavidad, permitimos que se produzca el proceso de curación natural y, poco a poco, con el transcurso del tiempo necesario, recuperaremos el sosiego y posiblemente la vitalidad. Sin embargo, si alimentamos la emoción desagradable con pensamientos negativos repetitivos y rumiaciones sobre el suceso doloroso, podemos llegar a “infectar” el cuerpo y enfermarlo, sin ni siquiera ser conscientes de que hemos sido nosotros los que lo hemos enfermado.
Las meditaciones que se practican en los cursos de Mindfulness nos ayudan a recuperar el dominio natural que todos poseemos, pero del que no somos conscientes. Con meditaciones como el body-scan, por ejemplo, focalizamos nuestra atención en las sensaciones provenientes de distintas partes de nuestro cuerpo, con una actitud de apertura y curiosidad, ampliando así la conciencia corporal necesaria para fortalecer la conexión mente-cuerpo. La meditación con la respiración o con los sonidos, nos hace conscientes de los pensamientos que nos invaden persistentemente y sobre los que no tenemos ningún control. Aprendemos a no engancharnos a ellos y a dejarlos pasar como si fueran nubes, focalizando nuestra atención en anclajes que nos traen al presente, al aquí y al ahora, que es donde, según los investigadores, somos más felices que estando inconscientemente divagando en nuestros pensamientos.
En definitiva, la práctica habitual de Mindfulness nos ayuda a responsabilizarnos y aprender más acerca del binomio mente-cuerpo, atendiéndolo cuidadosa y sistemáticamente, cultivando nuestros recursos internos para conservar su salud y bienestar físico y psíquico.
Thaïs Capella Solano
Directora del Centro de Psicología PSYKE
